El 30 de abril «Una canción para mi tierra» se estrenó en cines — con León Gieco tocando en vivo esa noche, en una función a sala llena — y se mantuvo en cartelera comercial de forma prácticamente ininterrumpida durante 12 semanas, un recorrido inusual para un documental argentino. Ya lleva más de 15.000 espectadores en el país, lo que la convierte en el segundo documental nacional más visto de 2026 (según Ultracine), y acumula más de 300 pedidos orgánicos de proyección de escuelas, centros culturales y comunidades de todo el territorio. Hoy sigue circulando en funciones puntuales fuera de la cartelera comercial.
La historia detrás de la película nació en un aula: Ramiro, maestro rural de música en las llanuras de Córdoba, descubrió que sus alumnos convivían con problemáticas ambientales que amenazaban su salud y les propuso, en lugar de protestar, componer. Esa canción de aula creció hasta convertirse en uno de los movimientos musicales colectivos más grandes de Latinoamérica: se sumaron más de 500 artistas —de Pablo Milanés a León Gieco—, se editaron tres discos, y el proyecto llegó a un concierto a campo abierto con 10.000 personas, en el corazón mismo de la tierra que inspira las canciones.
El documental que cuenta ese recorrido —dirigido por Mauricio Albornoz Iniesta y producido por Sebastián Carreras— fue reconocido como Mejor Película Ambiental del Año por The Green Film Network, recibió una ovación de pie de diez minutos en el Festival de Biarritz, y ya suma más de 20 premios internacionales en más de 30 países.
«Lo que cuidamos florece. Lo que respetamos permanece», dice Silvia Ghio, maestra rural de Los Corralitos y coprotagonista de la película.
Quienes quieran conocer más sobre el proyecto artístico-educativo que le dio origen a la película pueden visitar cancionesurgentesparamitierra.com.
Y para organizar una función de «Una canción para mi tierra» en su escuela, institución o comunidad, pueden completar el formulario de pedido de funciones.








